Tres ligas
Aquella mañana cuando se levanto, sintió que debería quedarse todo el día en la cama, un presentimiento de dicha lo acosaba y no permitía otro pensamiento. Se tomo el café para recuperar un poco de esa lucidez que necesitaba para comenzar a decidir si se quedaría acostado y descolgaría el teléfono. La contestadora diría a todos que no se encontraba y él se enteraría de los intereses ajenos. La cama a esas horas de la mañana tenía la voluptuosidad de los sueños abandonados y podían revivirse a voluntad; el calor de su cuerpo había marcado y encontraba la posibilidad de repetir el momento. Aunque a medida que pasaban los minutos, se daba cuenta que aquello si había pasado la noche anterior. Agitado, volvió a la cocina a preparase otro café bien cargado en su maquinilla italiana de Express. Y se preguntaba; cómo distinguir a los sueños de esa vaporosa noche llena de nubes y de placeres. Dónde encontrar la prueba sobre lo sucedido la noche anterior. Busco en la habitación, porque muchas de las imágenes que pasaban, se referían a aquel cuarto y otras al bar donde se había encontrado con Amelia. Siguió buscando hasta encontrar la primera prueba: una liga para el pelo, verde con trazos plateados, después al asomarse abajo de la cama: una gran liga rosada para sostener la medía, esas que tanto le gustaban a Amelia y daban turgencia a su muslo. Más tranquilo continuó con esa búsqueda de pruebas y reviso los bolsillos de su pantalón; un fajo de billetes apretados con una liga elástica color carne, hacían evidente la falta de la denominación más alta, tenía claro lo que había sacado del banco, tranquilo ante las pruebas, se volvió a recostar en la cama, no había sido un sueño, ahí estaban las pruebas.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados